Doblemente chingones

El Voyeur

7/22/2026

Por: El Voyeur

Siempre se ha dicho: En México, hay talento. El mexicano es chingón y esa chingonería -concepto descrito magistralmente por el premio Nobel de Literatura, Octavio Paz- se refleja en acciones diversas, en situaciones excepcionales, en las tragedias y en las victorias, en las derrotas y fracasos o en el éxito y el triunfo.

El mexicano chingón siempre procurará ganar y ganar no sólo en la adversidad, sino ganarle a quien se deje.

El bigotón de impermeable amarillo saluda con los dedos índice y anular con los que sostiene lo que parece ser un billete de 20 pesos; esa forma de portar el dinero es característica de los autobuses o microbuses en el servicio público de transporte.

Al hombre se le nota despreocupado. A gusto con su trabajo. ¿En qué consiste? En cargar personas. “A diez! A diez! A dieeeez!” grita buscando convencer a sus potenciales clientes de pagarle diez pesos para cargarlos y evitar se mojen los pies al bajar de un puente, en una estación del Sistema de Transporte Colectivo Metro, que se inundó.

Nadie quiere meter sus pies al agua estancada, producto de un torrencial aguacero. Nadie quiere contraer una infección. Nadie quiere que se le ensucien el par de zapatos o tenis que usa para acudir a laborar todos los días.

Y claro que hay clientes que, gustosos, pagan los 10 pesos de la cargada que abarca el equivalente a 8 pasos, es decir, unos seis metros de distancia hacia la banqueta. Los clientes son principalmente mujeres, como la señora de la bolsa rosa que aprieta del pescuezo a su transporte humano sin importarle que le corte la respiración. ‘Solo son 8 pasos’, pensará él, mientras estira los cachetes.

También la chica con la mochila negra y medias caladas que porta otra bolsa en la mano izquierda para mantener impolutos sus Nike de suela blanca.

“A diez! A diez! A diez!”, sigue soltando a viva voz el cargador humano, el transportador de señoras, el caballero valiente que no le teme al pie de atleta.

Algunos osados se han preparado para enfrentar las lluvias, las inundaciones, la falta de atención de sus gobiernos o la ineficiencia de sus servidores públicos para atender problemas de drenaje y mejor portan su par de bolsas de plástico con la que cubren su calzado para enfrentar el desafío del charco.

Las bolsas delgadas no sirven, se rasgan a la primera; las bolsas gruesas, son el instrumento salvador.

Pero hay una alternativa más: el triciclo tamalero. Después de quitarle los botes de atole y el anafre, se le colocan unas tablas para, en grupo, transportar de una banqueta a otra, con la misma tarifa. “A diez! A diez! A diez!!!” también se desgañita la operadora del transporte de tres ruedas que le reditúan cuatro o cinco veces más que a los hombres-cargadores por viaje.

La estampa ocurre en cualquier estación del Metro, hace años que los hombres-cargadores realizan este servicio y esperan la lluvia ansiosos porque les dejará un ahorrito.

De la ineficiencia en las tareas públicas, a la eficiencia para resolver. Así somos los mexicanos, chingones ante la adversidad…y si se gana un peso, pues doblemente chingones.

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