El crédito que no llega

Ernesto Madrid, Columnista

8/25/2026

Hay una contradicción que la banca mexicana debería explicar: prometió prestarle más a las Pymes, pero los datos muestran que cada vez les presta menos. En marzo, durante la 89 Convención Bancaria, el sector se comprometió ante Claudia Sheinbaum a ampliar el financiamiento a las pequeñas y medianas empresas. Cinco meses después, la realidad va en sentido contrario.

La Encuesta Trimestral de Evaluación Coyuntural del Mercado Crediticio de Banco de México revela que apenas 22.7% de las empresas de entre 11 y 100 trabajadores recibió financiamiento bancario en el segundo trimestre, la proporción más baja en cinco años. Entre las empresas de más de 100 empleados, en cambio, el porcentaje llegó a 38.4%. Casi el doble.

La explicación de la banca es conocida y, en buena medida, razonable: las Pymes tienen mayor informalidad, menos garantías, menor información financiera y mayor riesgo de desaparecer. Por eso, dicen, prestarles resulta más costoso.

El problema es que esa lógica puede terminar convirtiéndose en una trampa. Si los bancos sólo prestan barato y con facilidad a quienes ya tienen patrimonio, historial y capacidad financiera, ¿quién financia al que quiere crecer?

Hay otra cifra que vuelve más evidente el contraste. Mientras el crédito a las Pymes se reduce, el saldo de las tarjetas de crédito alcanzó en junio 709 mil 267 millones de pesos, un crecimiento anual de 8.2%, de acuerdo con Banxico.

Y el Mundial hizo su parte. Los mexicanos utilizaron más sus tarjetas para viajes, restaurantes, estacionamientos, comida rápida y comercio. Banamex y BBVA reportaron un comportamiento favorable del consumo.

Aquí aparecen los intereses cruzados.

La banca quiere impulsar el crédito, pero el crédito productivo enfrenta más filtros, más costos y mayor cautela. El consumo, en cambio, tiene una ventaja evidente: genera intereses y comisiones de manera inmediata.

No hay nada ilegal en ello. Pero sí hay una contradicción económica y política que merece explicarse.

Porque una tarjeta puede financiar la cena, el viaje o el televisor. Una Pyme financiada puede comprar maquinaria, abrir una sucursal, contratar trabajadores y pagar impuestos.

El gobierno pide a los bancos que presten más para mover la economía. Los bancos responden que están prestando. Los números dicen que sí, pero no necesariamente donde más se necesita.

Y mientras el crédito empresarial se vuelve más difícil, las familias siguen cargando consumo a meses y tasas que pueden convertirse en una factura pesada cuando la economía pierde fuerza.

El asunto, entonces, no es si la banca presta. El asunto es qué tipo de economía está ayudando a financiar.

Porque si el dinero fluye con facilidad hacia el consumo, pero se detiene frente a la pequeña empresa, quizá el problema no sea la falta de crédito.

Quizá sean los intereses.

Los textos y/o colaboraciones son responsabilidad única y exclusivamente de quien los firma o escribe.

Algunos Derechos Reservados

2026