El deslinde que todavía no se llama ruptura


Por Ernesto Madrid.
En política, las rupturas importantes rara vez empiezan con un portazo. A veces comienzan con algo mucho más discreto: un nombre que deja de pronunciarse.
Después del Informe, Claudia Sheinbaum tuvo que negar que exista una ruptura con Andrés Manuel López Obrador y una pugna interna en Morena. Dijo que su antecesor ha sido respetuoso con su gobierno y que no le ha enviado instrucciones.
Pero hay un dato que resulta más elocuente que cualquier declaración: López Obrador no apareció en el discurso del Informe.
Sheinbaum defendió, eso sí, las obras emblemáticas de su antecesor, incluso aquellas cuyo costo resulta difícil de justificar frente a sus beneficios y eficiencias. Defendió la transformación, pero no necesitó invocar al transformador.
Es una diferencia sutil, pero políticamente significativa.
López Obrador empieza a aparecer menos como el jefe político del movimiento y más como el expresidente que está retirado, escribiendo un libro. No es una ruptura. Es, por ahora, un desplazamiento.
Y mientras la presidenta insiste en que no hay división, las investigaciones empiezan a tocar los alrededores del antiguo poder.
Amílcar Olán está bajo investigación y la propia presidenta confirmó que Hacienda y la Secretaría Anticorrupción tienen información. Ayer, además, El Universal publicó información sobre Mauricio Garduño González Elizondo, identificado como amigo de Andy López Beltrán y presente en aquel célebre encuentro del restaurante Magazzino.
Garduño, de acuerdo con la información publicada, es socio minoritario de JDBL y propietario de empresas que han obtenido contratos durante distintos gobiernos.
Nada de esto prueba por sí mismo una conducta ilícita. Pero sí construye un mapa de relaciones que el gobierno de Sheinbaum ya no puede ignorar.
Y aquí está el verdadero dilema: si investiga, se distancia; si no investiga, hereda el costo.
A esto hay que agregar Morena y 2027.
Sheinbaum dice que las candidaturas se decidirán mediante encuestas. La fórmula suena democrática, pero detrás está la pregunta que realmente importa: ¿quién controla el partido y quién tendrá la última palabra sobre las candidaturas?
Morena fue construido alrededor de López Obrador. Ahora Sheinbaum necesita demostrar que puede gobernarlo sin él.
Y tampoco es casual que la presidenta hable de intentos estadounidenses por dividir a su gabinete de seguridad. Puede tratarse de una estrategia de Washington, pero el hecho político es que Sheinbaum reconoce que la cohesión interna se ha convertido en un asunto vulnerable.
Todo esto ocurre al mismo tiempo.
La defensa del legado. La ausencia del fundador. Las investigaciones sobre personajes cercanos al antiguo círculo presidencial. La disputa por Morena rumbo a 2027. La necesidad de mostrar un gabinete unido frente a Estados Unidos.
¿Ruptura? Todavía no.
Deslinde? Cada vez hay más señales.
Porque Sheinbaum no puede desprenderse de López Obrador sin desprenderse también de buena parte de la historia, la estructura y la identidad política de Morena.
Lo que sí puede hacer —y parece estar haciendo— es comenzar a establecer una frontera entre el liderazgo que construyó el movimiento y el gobierno que ahora encabeza.
La diferencia puede parecer pequeña, pero políticamente es enorme.
La 4T sigue siendo la 4T de López Obrador; lo que está por definirse es hasta dónde será también la de Sheinbaum.
@JErnestoMadrid
jeemadrid@gmail.com
Los textos y/o colaboraciones son responsabilidad única y exclusivamente de quien los firma o escribe.


Algunos Derechos Reservados
2026
