EL INE-gate


Por: FORTÚN
No vamos a repetir que el INE vive el episodio más oscuro de su historia desde su creación. Pero es así. La institución más respetable, la que gozaba de la mayor confianza ciudadana, recibió un impacto brutal al revelarse que ha sido usado como el instrumento más útil para cristalizar los deseos monetarios más ruines de su titular, quien vive o vivía un affaire con uno de sus proveedores y suministros materiales para la institución.
Guadalupe Taddei Zavala viene a engrosar las filas de los personajes más corruptos y desvergonzados que ha dado la política mexicana, desde Antonio López de Santa Ana, pasando por René Bejarano, el señor de las ligas y Mauricio Toledo, ex diputado local y federal que huyó de la justicia mexicana -no sin el aval de las mismas autoridades del país- para exiliarse en Chile.
Todos ellos tienen en común varias características, además de ser servidores públicos -que vergüenza da decir que su tarea era el servicio público-. Los tres destacaron por tener cara-dura, por ser el mejor ejemplo de cinismo e hipocresía. Los tres, metidos en profundos procesos de corrupción que trascendieron fronteras, siempre tuvieron el descaro de salir a defender sus posiciones, a desmentir lo obvio, a rechazar señalamientos y acusaciones. Las frases de su pretendidas defensas, ya ni con alfileres estaban sostenidos. Era claro que, desde que ocuparon un espacio público, llegaron a ver cómo podían hacer negocios, sacar dinero, colocar a sus afines, explotar el servicio público para beneficio de ellos mismos. Y lo lograron.
Por años, saquearon el erario. Como si fuera el deporte nacional por excelencia, buscaron usar las leyes, para sus propias corruptelas. Como ocurre en el gobierno en sus diferentes niveles, llegan con caras de santos y dándose golpes de pecho con la mano derecha, agarran todo lo que puedan con la izquierda. Bastaba asomarse a la puerta de las tareas públicas para, de inmediato, comenzar a maquinar cómo sacarle dinero público a sus bolsillos privados, en el cargo que les tocara.
El daño hecho al INE le dejará una cicatriz que, con el tiempo, pero sobre todo con trabajo honesto y transparente, podrá sanar. Quedará en la historia de México como un capítulo más de los muchos que la corrupción escribe con su tinta indeleble y personas como Guadalupe Taddei Zavala, pasarán a formar parte de la lista de los impresentables, los indeseables y sus nombres quedarán estigmatizados como sinónimo de la corrupción.
Hoy quienes la defendieron, quienes la avalaron, quienes la apoyaron y metieron las manos al fuego por Guadalupe Taddei, resultaron más que chamuscados. Hoy les queda un sabor amargo en la boca después de haber apostado por llevarla como una de ellos, de la 4T, -una simpatizante de la cuarta transformación y militante de facto, no de registro- a ocupar un espacio y jugar a favor del sistema, de su sistema. “No somos iguales”, han gritado a los cuatro vientos hasta desgañitarse, cuando se les compara con otros grupos políticos que han saqueado al país en otras épocas. Y sí, nos queda claro: no, no, no son iguales. Son peores.
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