El mundial más ruin


Vuelta Prohibida
Por: Fortún
“Bienvenida festiva el día del partido”. Con esa promesa, de que le hagan a uno una fiesta a la llegada al estadio Ciudad de México, lo reciben por la módica cantidad de 88 mil pesos por persona. Eso costó un paquete de hospitality para el Coloso de Santa Úrsula en el partido inaugural. Casi 90 mil pesos por una butaca, comida y que le hagan bulla, fiesta y lo reciban con la matraca, que además incluye “comida callejera gourmet”…vaya usted a saber si el chorizo de las quesadillas era de origen alemán o un embutido australiano.
¿Quiso que ser recibido con champaña?, pague 242 mil 450 pesos por persona, claro, también incluyó la entrada al partido inaugural con lugares preferenciales, así como cocteles o comidas “de autor, un regalo conmemorativo y experiencias inmersivas”, hoy que están tan de moda.
¿Quería más? ¡Claro había para más! Suites privadas. ¿Costo? Quien sabe. Usted les escribe y ellos se ponen en contacto para dar detalles del servicio, así evitan que fisgones y vouyeristas de las excentricidades como uno, anden exhibiendo los costos que puede tener ser partícipe o mirón de esta fiesta exclusiva donde 11 contra 11 compiten por patear un balón.
(Un paréntesis: Por cierto, es tan absurdo toda esta parafernalia, que cuando se presentó el balón oficial, todo mundo quiso tener foto con él. Sí, un balón. Aficionados o no, todos posaban frente a la vitrina del Trionda, sin atreverse a tocarlo, pero con ganas de plantarle un beso, verdaderamente absurdo. Posando junto al balón, cual artista internacional y protagonista del grito más esperado en un juego: el gol. Todos sonriendo, pegando la mejilla a un balón. Bendito marketing).
La Copa del Mundo 2026 que organiza la FIFA, es un mundo ruin, la más ruin de la historia. Es una experiencia que divide, que genera rencor, que remarca las diferencias sociales y que ha hecho del deporte más popular del mundo, el negocio más lucrativo del planeta con cara de catarsis social.
México será sede de únicamente 13 partidos de los 104 que están programados, apenas el 12% de los juegos. Y eso es correspondiente con el ánimo de los mexicanos de acuerdo con un par de firmas que realizan estudios y practican encuestas, en las que se concluye que el ánimo de los mexicanos por la Copa del Mundo está por los suelos.
Y no es para menos. La FIFA se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos e ideales que cualquier empresario quisiera tener y que trasciende todas las fronteras por varias razones: ellos ponen sus reglas; condicionan la ejecución del proyecto; exigen exención de impuestos a los países sede; venden los boletos al precio que quieren; se apoderan de los estadios y dictan todas las reglas de exclusividad para sí y sus aliados. Y si no quiere, pues se llevan el negocio a otro lado. Faltaba más.
Y no es para menos pues este tipo de torneos llegan a tener un alcance de espectadores en el partido inaugural que van desde los 800 millones hasta los mil 800 millones de personas en el mundo, a través de todas las plataformas disponibles.
La Copa del Mundo que organiza la FIFA -hoy más que nunca se ratifica- es el opio de los pobres, como calificaba Marx a la religión. Porque el fútbol es religión y sus fieles súbditos pueden llegar a los extremos de pagar esos 242 mil 450 pesos por un boleto o hacer que un aficionado compre en la tienda una pantalla para ver el mundial y comprometer su sueldo por 24 meses, claro, sin intereses, faltaba más.
En México, según señala la encuesta del Laboratorio de Investigación e Innovación Social Aplicada (LiiSA), el 61% de la población no le interesa la Copa del Mundo; además, sólo el 15% experimenta una sensación positiva, compuesta por un 11% de alegres y un 4% de tranquilidad; mientras que 24% de los encuestados experimentan sentimientos negativos para esta justa deportiva, compuesta por 16% enojo y 8% tristeza.
México llega así a su tercera copa del Mundo y hace historia, una triste historia en la que se ratifica que el 87% de las personas considera injusto el precio de los boletos y que los ha hecho inaccesibles, pero no sólo los boletos, también el acceso a la transmisión de los partidos, pues ahora también se venden los derechos de estos y nadie podrá ver todos los juegos si no tiene un servicio de televisión de paga que, con un cobro extra, le permitirá al cliente, -víctima o aficionado-, ver a 22 hombres corriendo detrás de una pelota con la que se juegan el honor, el orgullo y miles y miles de millones de pesos que han hecho de este encuentro cuatrianual, la mina de oro más lucrativa que haya existido en la historia. ¿Quiere ver la repetición de los goles? ¿Las jugadas? Pues pague también por ello.
Al final, le sugiero querido lector, lectora, no haga caso de esta columna. Acomódese en su sofá y prepárese para sumarse a esos mil 800 millones de personas en el mundo que cada día hacen más rica a una organización que encontró en el balompié, una mina inagotable de oro.


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