Por la boca muere el pez, el caso Puebla

Fortún

9/23/2026

Por Fortún

En la nueva forma de hacer política, que comenzó hace ocho años, se va acumulando el número de episodios lamentables y vergonzosos para el país, un México de acero que aguanta eso y más. Son episodios que se repiten desde Baja California hasta Quintana Roo.

Hoy ser servidor público de algún gobierno morenista en turno, federal, estatal o municipal, da para escribir las anécdotas más épicas de las peores prácticas en sus cargos. Y sin rubor las ponen en práctica con un cinismo olímpico.

Hoy merece especial atención lo que ocurre en el estado de Puebla, gobernado por un político hecho y construido a la sombra -y bajo la tutela- de Mario Marín Torres (priísta), uno de los mandatarios que quedarán en la historia del país como uno de los más ruines al ser uno de los protagonistas de una sórdida historia de uso político de la justicia, corrupción, tráfico de influencias, abuso de menores y censura a la prensa.

Aquel personaje que creció al amparo de Marín Torres -y con quien posó orgulloso en un sinnúmero de actos públicos- es Alejandro Armenta Mier, uno de los peores gobernadores en el país. Pero no es un epíteto gratuito ni infundado. No. Por el contrario, con apenas dos años en el cargo ha hecho de la política estatal un abanico de estampas en donde destacan su machismo, abuso, chantaje, mentiras, encubrimiento y censura en contra de cualquier medio de comunicación que ose criticar a su gobierno.

De todos es sabido que estos gobiernos entienden el Poder de una manera distinta. Los que hemos tenido la oportunidad de vivir cuando menos siete y ocho sexenios a cargo de mandatarios de otros partidos políticos, no dejamos de sorprendernos con cada acción de estos gobernantes que forman de la misma clase política nacional, solo que estos actúan sin pudor, sin límites, sin tapujos. Y peor aún: dijeron ser diferentes.

Con un sistema propagandístico como religión, como dogma de su actuar, pasan por el servicio público con excesos, abusos, autoritarismo, con chantajes a medios de comunicación o a empresarios. No les importa. La propaganda les da para eso y más, a final de cuentas, ellos tienen el altavoz más grande y todos los recursos para decir lo que les venga en gana, sin aceptar ninguna crítica, observación o señalamiento.

Y en Puebla así ocurre. No hay día en el que las y los poblanos se despierten sin una nueva declaración de su gobernador Alejandro Armenta en donde dé cuenta de su misoginia, de su machismo, al grado de que el tema ha sido llevado a las conferencias matutinas de la Presidenta de la República. “Pero ya dijo otra cosa”, comentó la mandataria al referirse a Armenta quien reculó de sus dichos de que las mujeres no deben gobernar municipios peligrosos.

Y así nos podemos ir: chantajea a campesinos para que donen sus tierras; chantajea a empresarios para que le regalen hospitales a su gobierno; trata a las Secretarias de su Gobierno con una actitud paternalista que refleja un ninguneo inmerecido; solapa a funcionarios señalados públicamente por sus ineptitudes y corruptelas. Él y su gabinete mienten, como cuando habló de transparentar usos o gastos del helicóptero de Gobierno; o ya de plano asume una posición retadora de “sí y qué”, a sabiendas de que él ordena y manda. En Puebla viven uno de los peores momentos en política. Mientras tanto los gobernantes en ese estado, viven una maravillosa época en donde los que nunca tuvieron, hoy tienen lo que nunca imaginaron. Viven su edén y los poblanos pagan.

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